domingo, 29 de octubre de 2017

el fantasma de canterville

Ha vuelto a pasar, lo tenía todo dispuesto y... de nuevo, aquí. 
La puerta cerrada y has vuelto a entrar, con la familiaridad y ligereza de movimientos del que se sabe un habitante más. Uno por uno, como siempre, has ido recuperando la colonia de la basura, desempolvando el chaleco del fondo del armario, colgando gorros y bufandas junto a la puerta (el frío...), sacando el uniforme de las bolsas (sí, junto a la puerta). Por último, has alcanzado la petaca en el fondo de la última balda de la estantería más alta de la cocina, petaca de gentleman, y te has servido una copa, con coca-cola. 
Despacio, seguro, deberes hechos. Tu chaqueta y tu sombrero. Hasta otro impulso.
Mañana es lunes. 

lunes, 21 de agosto de 2017

puntos de vista

A mi izquierda, un hombre apoyado en una cabina, la cabeza entre los brazos, como un avestruz; la cara abierta de tanto gritar, de tanto llorar. Y, sin embargo, todo tiene una pátina de mentira, de teatro, ni rastro de pena- a saber... las piedras que cargará. 
A mi derecha, un hombre sentado en una repisa, observando al primero, tranquilo, la cara relajada de tanto mirar; la piel curtida por un sol que lleva años sin serle amable, mientras se deja mimar por la calidez de la calle, por el frío de sus portales, por la vida de los parques. 
De frente se aproxima un grupo de individuos, no les oigo hablar pero sé que no son de aquí - ¿y quién lo es y, de dónde? Ríen ruidosamente, casi incívico, casi desagradable. Y ahí sí que viene la pena, el sentir que el mundo sí que es de ellos, y no para mí. 
Atrás... hace tiempo que procuro no mirar, no vaya a ser que los monstruos marinos y las brujas del páramo vengan detrás- o tal vez sólo me cuiden en las noches, me arropen, y me aplaudan en el silencio. 

lunes, 29 de mayo de 2017

dos ochomil en el horizonte próximo

Luces y no dices nada, 
ríes y te vas por la puerta de entrada;
mis compuertas abiertas de par en par,
ojo avizor
a la corriente que las vendrá a cerrar.
Mueves enérgicamente tu vida, 
la cima de tu espalda, 
los ochomil que dibujan tus clavículas.
Afuera suena el mar, los barcos 
y las ambulancias,
las sirenas y las ratas.
Tú lloras adentro, con la sonrisa 
tatuada en tus entrañas, en esos ojos
que se arrugan al roce de mis alas.

La calidez de las distancias cortas.

Son las cinco de la mañana 
y no ha pasado nada.
O un mundo al azar, 
una vida para desentrañar.

miércoles, 26 de abril de 2017

laceración

Miro las heridas que se marcan en mi piel, cada día más numerosas, y pienso "bien". Me siento orgullosa por las huellas que va dejando en mí esta batalla silenciosa, esta lucha sin sentido. Moratones que no saben de dónde han venido ni por qué se van (volverán), quemaduras gratuitas y algún que otro arañazo de etiología indefinida. Y los miro con orgullo, como el que sabe que ha errado por un bien mayor, aunque no exista, aunque esté tan a millones de años luz de distancia que ni lo sienta, aunque lo sueñe.

Automutilación en mis entrañas. Otro capítulo.

sábado, 22 de abril de 2017

walkie-talkie

Hablo contigo todos los meses,
aunque tú no lo sepas, varias veces.
No me cuentas nada, claro,
yo te digo que no entiendo,
sigo sin comprender el rumbo marcado,
el objetivo de este viaje que se hace, ya,
demasiado largo. Y cansado,
tan cansado.

Era un animal perfecto.

martes, 11 de abril de 2017

d-escamas de primavera

A veces te imagino muerto, exiliado de esta vida,
para hacer comprensible el estado de las cosas,
evitable el amargor en las papilas,
amable el recuerdo de la era borrosa.

A veces te imagino viento, y como tal,
que nunca existió porque no se dejó ver,
como un dios que acecha desde el cielo, voraz,
como una amenaza a punto de caer.

A veces me imagino un árbol,
caduco, esperando que le agiten las hojas,
que le abonen con cal y entre cal y cal, arena, y viva,
bien viva, y que queme.
Y se mueran sus raíces, y se incendien sus semillas.

A veces les imagino plástico, fundido,
derramándose por tus manos y tú, latiendo,
les cuentas el cuento de la vida y sus errores y,
regándolos con verdades, omites el círculo sin sentido
de las noches llenas y las horas vacías,
del salir aturdido y entrar convencido de que había otra manera,
un ángulo muerto que no oímos pedir ayuda,
mis días pudriéndose en la nevera.

domingo, 29 de enero de 2017

y, al fondo, el puerto de Cádiz

Es genial que la ventana de mi cuarto mire al noreste y pueda ver el mar, viviendo en la costa sur peninsular. Supongo que es lo mismo que sucede en mi cabeza: me despierto mirando al noreste, viendo el sol salir, y me acuesto igual, esperando al sol llegar.

Puedo oírlo bailar con sus muñecas (unión de las manos con el centro de operaciones).

lunes, 23 de enero de 2017

hipo-grito-huracanado

No me gustó de ti el silencio,
y esas ganas de hablar suicidas;
lo poco que tardé en conocerte
y lo muy incomprensible que me resultabas
(y me resultas);
lo fácil que era pedirte,
y lo mucho que entregabas
para lo poco que demandabas:
un poco de atención,
media mirada de cada dos.
Las caladas a tercios,
cuando quería la mitad;
esa lluvia intensa, 
y el viento convirtiéndola en horizontal,
y yo esperando ver algún rayo reventar.




siempre me gustaron las tormentas.

martes, 10 de enero de 2017

buen camino

Y me da la sensación de que las historias se repiten, que los individuos que transitan ahora son los mismos que pasaron tiempo atrás; siento que las palabras -y su orden, y su entonación- son las mismas que ya pronuncié tantas otras veces. Y, aun así, aunque el objetivo siga siendo, a todas luces, el mismo que siempre... sé que los caminos que me llevan hacia él son distintos cada día, con sus mentiras, sus cuestas y sus piedras, sus sonrisas guardadas, sus canciones descubiertas, sus gritos y balanzas. 

El noventa y nueve por ciento de la vida es el camino. A recorrerlo.