No me gustó de ti el silencio,
y esas ganas de hablar suicidas;
lo poco que tardé en conocerte
y lo muy incomprensible que me resultabas
(y me resultas);
lo fácil que era pedirte,
y lo mucho que entregabas
para lo poco que demandabas:
un poco de atención,
media mirada de cada dos.
Las caladas a tercios,
cuando quería la mitad;
esa lluvia intensa,
y el viento convirtiéndola en horizontal,
y yo esperando ver algún rayo reventar.
siempre me gustaron las tormentas.
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