Hace años se instauró la mentalidad
de “el hombre del tiempo" y, desde entonces, las alegrías son
grandes tormentas, de sonrisas; y los desarraigos que sufre mi piel (de
la tuya) se transforman en borrascas imposibles de parar.
Es entonces cuando hay que sacar los
abrigos, desempolvar las katiuskas y convencer a la cabeza de que,
por mucho que llueva, esta vez no se permitirán goteras.
Los periódicos adquieren función de
papel secante y los recuerdos hacen de muros de contención.
No seremos protagonistas de las
noticias de mañana por catástrofe medioambiental. Son borrascas …
el viento que las trajo, del mismo modo, se las llevará.
Hemos entrado en la estación del
verano, se aproximan incendios.