Ha vuelto a pasar, lo tenía todo dispuesto y... de nuevo, aquí.
La puerta cerrada y has vuelto a entrar, con la familiaridad y ligereza de movimientos del que se sabe un habitante más. Uno por uno, como siempre, has ido recuperando la colonia de la basura, desempolvando el chaleco del fondo del armario, colgando gorros y bufandas junto a la puerta (el frío...), sacando el uniforme de las bolsas (sí, junto a la puerta). Por último, has alcanzado la petaca en el fondo de la última balda de la estantería más alta de la cocina, petaca de gentleman, y te has servido una copa, con coca-cola.
Despacio, seguro, deberes hechos. Tu chaqueta y tu sombrero. Hasta otro impulso.
Mañana es lunes.