Los labios marcados en el borde de la taza, lilas hoy,
intensos. No saldrán de casa esta noche, pero se lo merecen. La suavidad se abre paso
entre mis venas, noto la piel aterciopelada y el reloj amigo, tranquilo, la rabia está dando paso (por unos minutos, un ratito de psicodelia) a la
benevolencia. La música suena fuerte, acompasando los latidos del corazón, las
sienes al ritmo que marca cualquiera de las canciones para después de la
tempestad. Claqué en mis falanges.
Pero se interrumpe el baile, vuelve el rictus: "Segundo premio", su puta madre. Segundos premios disfrazados
de buenas palabras, de juegos inocentes con vidas ajenas; malabares en el
aire son mis sentimientos en tus manos.