lunes, 29 de mayo de 2017

dos ochomil en el horizonte próximo

Luces y no dices nada, 
ríes y te vas por la puerta de entrada;
mis compuertas abiertas de par en par,
ojo avizor
a la corriente que las vendrá a cerrar.
Mueves enérgicamente tu vida, 
la cima de tu espalda, 
los ochomil que dibujan tus clavículas.
Afuera suena el mar, los barcos 
y las ambulancias,
las sirenas y las ratas.
Tú lloras adentro, con la sonrisa 
tatuada en tus entrañas, en esos ojos
que se arrugan al roce de mis alas.

La calidez de las distancias cortas.

Son las cinco de la mañana 
y no ha pasado nada.
O un mundo al azar, 
una vida para desentrañar.

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