jueves, 2 de junio de 2016

Betadine, gasas y esparadrapo

Ahora me veo aquí, con la sensación de haber reconquistado cada día al haber alcanzado la noche; triunfante y orgullosa, triste y derrotada a la vez. Es todo un logro coronar la cima de una montaña que no quieres escalar, consciente de la atracción que reside en dejarse arrastrar por la corriente de este río para acabar... ya sabes, sí, ya sé, en el fondo de algún mar (oscuro, frío y húmedo, como siempre).
Pies de plomo cuidadosamente diseñados durante esas noches de reconquista, triunfante y orgullosa, triste y derrotada, insomne…. Plomo que mantiene el sedal tranquilo, estable, aguardando en la quietud de las aguas bravas; plomo que derriba la frágil pero basta estructura de unos grandes almacenes, derramándose sus vigas y cimientos en tus ojos.
Llega la tormenta, sí, cada madrugada, y me encuentra inerte, inmóvil, anclada a la cama. Ya ni el tintineo de unas llaves consigue sacarme del letargo- al fin- y en mi cabeza sólo fluyen materiales incandescentes, lenguas ardientes que recorren mis campos, nuestras historias- vida y obra- arrasando, arañando, arrancando, quebrando, quebrantando (huesos); dejando yerma la superficie vital- y corporal.
Y…bueno, una vez más, llega él, el sol; perezoso, se abre paso entre mis piernas y un hachazo me parte en dos – aparecen entonces los jinetes del apocalipsis y sus caballos de carreras. Parece que un nuevo día ha ganado la batalla y, con ella, mi derrota.


Betadine, gasas y esparadrapo. Hoy toca reconquistar el día al ritmo de un theremin.

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