Quiero escuchar música contigo, compartir las caras de espanto y de asombro ante diversos acordes, pintorescos ritmos.
Quiero que me dejes caer sobre la nueva alfombra, esa que tú no conoces, aún; esa que quiero que conozcas. Y también quiero que me sigas hasta la cocina para ver qué preparamos, porque eso significará que ya puedo comer contigo a mi lado. Quiero pelearme contigo por la película que vamos a ver, y por quién irá a pillar algo, esporádico, para amenizarla. También quiero que esas peleas acaben en un “vamos los dos y nos tomamos algo”.
Porque ya no tendré que preveer una semana antes quedar contigo para asimilarlo. Quiero verte por la calle y ya no separarme de ti hasta la mañana siguiente. Quiero que me despiertes con señales de humo. Quiero que vengas a buscarme a la biblioteca, y quiero que nos vayamos después a dar una vuelta y no separarme de ti hasta la tarde siguiente. Quiero que llegue la primavera contigo. Y quiero que salgamos a por un helado, y pasear por algún parque y sentarnos como dos viejitos... y ya no separarme de ti hasta la noche siguiente. Quiero estar mal contigo, y quiero morirme al día siguiente para que luego quieras que reviva, y revivir, y ya no separarme de ti en mucho tiempo, tal vez más.
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