sábado, 30 de julio de 2011

carta de presentación de gg penningstone

Un mechero, luego dos. Perdimos el tiempo, el fuego, las boquillas y las ganas. La ceniza en el suelo no para de revolotear, hace círculos indicándonos el rumbo de nuestras vidas. Intentas apartarla, te tiznas los dedos y te pintas la cara como un indio. Ya no somos niños, pero jugamos a serlo, y no se nos da mal.
Las 6, hora del té; el té de los locos se sirve frío y seguimos esparcidos en el suelo sin demasiado ánimo para recomponernos. Te duelen las manos pero aun así procedes. Mis pulmones se resienten, pero procedo igualmente. Nos dará alas, alas para dividirnos en más motas de polvo incapaces de levantar un palmo del suelo. Procedemos. El mundo estalla en cada bocanada, el papel se humedece y me hace sentir triste, siempre estamos igual. No llegamos intactos al final, joder. Pero continuamos, ya habrá más ocasiones. Al fin y al cabo…lo importante es aspirar, aspirar a más.
La noche, momento de relajarse. Momento de relajarse más. No ha sido suficiente un día entero mimetizándonos con el frío de los baldosines, queremos más. Y aunque no quisiéramos, tampoco podríamos hacer mucho por cambiarlo. Así lo quiere el rey, nos quiere atontados como moscas para ser así más vulnerables a sus encantos. Y de nuevo, caemos en sus sucios trucos y engaños. Papel verde, mierda. El encanto se esfumó. Estamos en apuros, verdaderos apuros. Los ánimos se alteran. Cuento tus dedos, aún nueve. Se mueven al compás de la música que sólo suena en mis pulmones. Un dos tres…empezamos de nuevo. Te levantas, con cara de enfado. Irradias luz, pero tú no lo sabes, y no seré yo quien te lo diga. Te mueves y los rayos me deslumbran. No te muevas, pero sigues haciéndolo. Deambulas, no sabes dónde vas, ni lo que quieres. Lo recuerdas, ¿dónde coño se han metido? Los escondí por la casa, pero no lo sabes y no te lo puedo decir porque mis músculos ya no responden a mis órdenes. Estamos acabados, ambos lo sabemos, pero nos quedan intereses comunes. Por ahora, el interés mutuo es encontrarlo, tú te mueves y yo te guío mentalmente. Confío en ti, aunque eso tampoco lo sepas. Das con ello, aparece esa mueca en tu cara, sonríes, lo zarandeas y te echas al suelo a reír como un niño. Voy rodando hacia ti, reímos y llegado un momento los dos nos quedamos extrañados. No sabemos qué ha pasado, por qué. Pero ha pasado. La pregunta, silenciosa en el aire, obtiene una respuesta muda. Asentimos, y procedemos. Te pido permiso pero me lo niegas, ya sabes, ya sé…Sí, lo sé, pero no estaría mal por una vez. Es igual, procedes. Tú lo creas tú lo destruyes, es justo. Miro el reloj, me parece increíble que sea tan tarde, aunque no alcanzo a ver la hora. Qué más da, será tarde. Llevamos una vida aquí y no hemos sacado nada en claro. Hace frío, hace calor. El vodka hace esas cosas. Mareo pasajero se aproxima por la carretera. Viajeros al tren y empieza la aventura. El viento sopla en la cara y saco la mano por la ventanilla. Mierda, los vasos al suelo, y tú abriendo ventanas…Ahora entrarán, ¡cierra! No nos alcanzarán, no saben dónde estamos. Son monos estúpidos que no darían con nosotros ni en un millón de años. Antes me pareció ver uno, se asomó por tus ojos y me amenazó con no irse jamás. Sentí miedo. ¿Por qué? Por no volver a verte. ¿A mí? Sí…No sabía que…A veces, sí. Toma. Silencios. Nuevos mareos, nuevas sensaciones. Me ahogo, o me hundo, no sé bien. Pero eres tú, me abrazas, ¿por qué? Demasiados porqués en esta conversación, ¿no? Calla y aspira, aspira siempre a más.

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