Inspiras… expiras, te quedas vacío de repente y, si lo
piensas, sólo has perdido aire. Aire que volverá a tus pulmones, nuevo, más
rico, más lleno de vida.
No te bañarás dos
veces en el mismo agua de un río, al igual que no respirarás el mismo aire, por
mucho que huela a lo mismo; por mucho
que las motas de polvo en suspensión se vean iguales, invariables, ora sí, ora
también.
Y, sin embargo, será aire, siempre diferente, el que te haga
vivir un segundo más, un día más, una historia más. Bocanadas de oxígeno.
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