miércoles, 30 de noviembre de 2011

prismas

Sólo quería sentirse bien.
Pasaba el tiempo, se alimentaba de silencios, lloraba ríos invisibles y él, poco a poco, se marchitaba ante la caída.

-No puedo hacer más. Sé que lo que hay es enorme, un elefante en la cocina, pero...no lo veo.
-No lo ves, pero yo sí.

Entonces él, quitándole las gafas de sol, la miró a los ojos y la besó. Acto seguido le tendió su mano entregándole sus ojos....para así poder verse como él la veía.

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